El hielo de las águilas, por Jack Farfán Cedrón
El hielo de las águilas
En el absoluto vaivén del fuego apasionado.
Todo me trae tu bendito recuerdo;
todo sobre el mar;
todas mis lágrimas pretéritas
y los rosarios que he llorado
por ti,
desde el alba hasta la alta noche
cubriendo un mundo tembloroso de luces.
¿Habrá un corazón sobre la tierra
que te ame más que el mío?
¿Habrá un latido sobre el mundo,
uno solo,
que al restañar sobre tu pecho,
amor,
tu bendito recuerdo,
como una gota de fuego,
magnetice?
Amo el recuerdo de tus lágrimas
y los rosarios que, heridos,
calan sobre mi corazón
hasta los latidos de tu cuerpo.
¡Amo el recuerdo sobre el recuerdo de tus lágrimas
tamborileando la tierra fecunda de tu amor,
mi amor;
amo el bendito recuerdo de tu amor
y la locura que ello representa!
Amo el amor encendiéndose
en la sangre;
amo la tea insomne de mis días
y el transcurso de la respiración
llamando lejos,
con titánica sensualidad
abatiendo sus alas poderosas.
¡Te amo, amor de alas absolutas!
Hasta ti,
bendito recuerdo;
hasta tus días anhelantes
que hicieron del delirio
un haz de luz perviviendo
hasta el final,
ese final
que en el hielo de las águilas
revive nuestra separación inminente,
como el agua en los reinos del hielo;
ese fuego que a los rayos del sol
derrite su llama incesante y otra vez poderosa;
amo el amor de poderío salvaje entre los sexos;
eco a dos voces latiendo en el silencio.
Latir, latir hasta el desvelo,
mientras las sombras reviven
el fuego apasionado
que en el retén de una vida sosegada
henchirán para siempre
la pasión absoluta
que la llama de los cuerpos
encienda hasta el fin
de aquel hielo de las águilas que fuimos.
¡Oh, amor! que en la alta y fría luz,
eres como el hielo de la muerte,
como la misma altura del amor absoluto;
cual la visión de las águilas
y el témpano de nieve inalcanzable,
cual la verdadera pasión que no se toca.
Jack Farfán Cedrón
Cajamarca, enero 25, 2021
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