"Palabras de despedida para el Padre Juan Ruiz Peña":: por Silvia Farfán Cedrón

 


¿Qué es la muerte? Es una pregunta que parece muy cruel. La muerte lastima mucho cuando llega imprevista y despiadada. Un profundo dolor en el corazón acompaña a la muerte. Sin embargo; la idea de la eternidad nos alivia un poco ese dolor tan grande. Para San Agustín, la muerte no era un final, sino un tránsito o "paso a la habitación de al lado", una transición de la vida terrenal a la verdadera vida eterna con Dios.

Padre Juan, hoy le damos un adiós, pero nos aferramos con fe a la idea de la eternidad y creemos firmemente en que en el cielo gozará de la presencia de Dios. Padre Juan, nos inculcó, con su ejemplo genuino y sencillo, su devoción y amor verdaderos hacia Dios. Fue generoso con su tiempo, con su esfuerzo, con su escucha y enseñanzas.

Consoló nuestros corazones cuando perdimos a mamá, porque sólo usted podía comprender ese dolor tan grande, ya que tres semanas antes, había perdido también a la suya. Ahora podrá tener la gracia infinita y el gozo eterno de contemplar de cerca, a nuestro Señor de la Divina Misericordia. Este Señor que usted amó y ensalzó. Este Señor Misericordioso que lo acogió desde el primer día y que hoy abre los brazos para recibirlo en su reino y que con sus rayos divinos lo envuelve. “El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (….).  Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299 Sor María Faustina Kowalska). Y usted, Padre Juan, vivió a la sombra de estos rayos divinos de Dios y Jesús, seguramente le ha sonreído.

El 3 de marzo del 2024, Padre Juan, escribí y pronuncié su discurso de bienvenida a nuestra Parroquia "Señor de la Divina Misericordia y Santa Rosa de Lima" y, ahora, un poco más de 2 años después, escribo tristemente este discurso fúnebre.

Dejó, Padre Juan, nuestro coro parroquial, los grupos, las catequesis, el Cristo de semana Santa, las celebraciones en Samana Cruz, en el asilo, en Lluscapampa, en el Milagro, en el campo… La celebración al Señor de la Divina Misericordia dando la bienvenida a todos los núcleos de la ciudad de Cajamarca; pero sobre todo, Padre Juan; dejó un legado de unión, de simpleza, de tranquilidad, de trabajo, de confianza, de humildad, de gratitud, de fortaleza, de fe, de esperanza, de caridad y de perdón. Muchas veces perdonó. Hoy, padre Juan, que Dios perdone sus faltas y lo reciba en el cielo.  Contémplenos desde ahí e interceda por nosotros. Un abrazo a su madre doña Humberta Peña Calle y a mi madre Marta Cedrón Plasencia y que la eternidad sea su gozo.

Que, desde el cielo, convertido en un ángel, usted interceda por nosotros, por su Parroquia “Señor de la Misericordia y Santa Rosa”. Atesoramos en nuestros corazones sus recuerdos de: Adoración al Santísimo Sacramento, de oración, de consejo, de respeto, de bondad, de fortaleza, de amabilidad, paciencia, servicio, devoción y consuelo.

Oraremos por su alma desde la tierra tendiendo un puente de gratitud eterna hacia el cielo.


Silvia Farfán Cedrón

Cajamarca, 26 de abril 2026

Comentarios

Entradas más populares de este blog

"Carnaval de conciencias", por Jack Farfán Cedrón

"La muerte inevitable de la memoria", prólogo a EN EL REINO DEL SOL MORIBUNDO, de Javier Farfán Cedrón