Entradas

"Carnaval de conciencias", por Jack Farfán Cedrón

Imagen
  La ciudad devastada;  la ciudad vejada por pandillas harpilleras, miserables. Horda cerda y cochambrosa, que si hinca la testa es para planear apuñalamiento a traición; desmadre y exceso hasta el vértigo; batiendo el lodo miserable que la tierra fértil y bendita les prodiga, en este valle de lágrimas.   Os han degradado aún más; descendiendo las escalas del infierno.   La bandera flotante, en un aire rarificado, donde no existe más ley de la gravedad que la degradación humana a mansalva.   Oscilando hasta alejaros remotamente de todos los círculos del infierno; en que para entrar se necesita siquiera un ápice de conciencia. Sin ella, hemos caído hasta reptar como las sierpes; para enfangarnos en que toda boa idea del Cornúpeta nos ordena a piejuntillas obcecar hasta el encandilamiento de la francachela, de la ebriedad, del horror, de la viva a fuego líquido, pesadilla de los mil demoni...

"Cada amanecer, contigo", por Jack Farfán Cedrón

Imagen
 

EL SOL CREPUSCULAR, por Jack Farfán Cedrón

Imagen
    Si tarda la gota que roe la piedra, si ves ondas lunares cuando pasa el gato tras la cortina serpenteante.   Y el beso cercano de Luna crecida, es sueño extinguido, moribundo, parpadeante, Dios riendo mientras planeas irte con los ojos al borde del lecho.   En la entereza, en la templanza, en la parpadeante voluntad que hace todo lo imposible al despertar, echando a andar la vida misma, y no las gotas de perfume perdonadoras.   ¡Crisantemos el corazón! Liliáceos, granates, amarillos.   ¿Para qué penurias?   No se cuezan las penas dentro del tiesto de las ansias. Igual, si marchitas; ello que te acongoja, pasará.   Valga la pena hachar el témpano de la realidad. ¡Eso es ficción! Tirar los bloques de realidad, atrapar aves imposibles; para que la imagen sea poema, para que la paleta cree lo que jamás crearán los sueños.   Porque los sueños disfuman al desp...

DONDE EL AMOR ES VERBO, por Jack Farfán Cedrón

Imagen
  T entarás al mundo con pasos de ángel llorando lágrimas de carne; traspasando tu misma careta imposible que no es claroscuro ni penumbra, ni luz que borra todo simulacro de claridad imposible.   Inventarás milagros; ¡Oh, luminaria! de lo que nadie creyó, aflorara, azucena de muerte eterna, que en la conflagración inmortal renaciera santa; eterna, amada; con la respiración clepsidra, abandonada a un ser vivo de latidos.   Inventaras el verbo, el amor callado que traspasa al ruido, a la pólvora rugiente, al mal de azufre, para domeñarlo, como la Virgen María a la sierpe.   ¡Santa que eres y que nombras!, ¡el más maravilloso sueño! ¡que nace de la luz!, ¡y en luz de mar termina!; si únicamente duermes, para crearme, con la completa lucidez de quien calla todo lo que ama.   Inventaras el abismo al que saltar, a oscuras, si blandamente; si, plena en los oficios de ser alada,...