El Cristo enamorado, Jack Farfán Cedrón



XII

 

Adónde van las golondrinas cuando pienso

desde los escombros del cielo

cuando por ser fría

haces que las cosas sean ese fuego de ceniza derrumbada,

corazón de ceniza, corazón del cielo,

con despedidas aladas como flechas,

golondrinas punzando el corazón del cielo derruido.

 

A veces te alejas para tomarme de la mano

entre los cristales que piensas cuando ida.

 

Qué veo cuando alzo mi cáliz al cielo

y pienso en la canción de ángeles,

grande rosa iluminada pensando a orillas del río,

escuchando el alma lejana del agua,

escogiendo como sembradora entre el agua y la Tierra

los colores de las piedras soleadas.

 

Creadora del postludio de la melancolía

Sentada/arrodillada junto a tu cesta de oro

y tu pelo fresco recién creado para la lluvia,

recién mojado para mi olfato,

tu pelo mojado cuando te respiro lejana;

tu pelo, esa lluvia de veranos dormidos

desde la cruz aquí distante tu lamento,

creadora del día derruido.

 

A veces me hablabas como la noche al silencio del río,

me instabas al silencio,

yo me iba pensativo.

 

Regresé y lo vi en tu rostro.

Iluminada.

Luna nueva.

Enamorada del Sol al otro lado de la Tierra.

 

Tierna creadora de mis oraciones.

Tú escuchabas mis pasos en el interludio del milagro perdido.

 

Creadora de oraciones de agua en reposo.


Jack Farfán Cedrón

En: Las moradas eternas [1995-2024]. El Cabuyal Editores, 2025. 312 págs.

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