"Con la Cruz a cuestas", por Jack Farfán Cedrón

 



Imagen: Luis Rebaza Neira. Retoque digital. Archivo Ysabel Neira.


Con la Cruz a cuestas



Hacia la hora nona, el Padre Luis Rebaza Neira,

vigía de los estantíos del dolor, señala con mirada firme

la podredumbre del mundo en que muchos habitamos,

sin nada hacer, sin orar por los perdidos, ni dolernos.

Pero el Padre ora por nosotros; por el desánimo

que nos hunde en agonía, en decadencia espiritual.

El Padre nos levanta, aún del polvo dormido:

¡Y nos redime!

 

Ni mil mártires juntos;

ni un solo suicida

en la estolidez de la ruina,

que jamás termina

su inconmensurable distancia.

 

Nada aplaca la ruina deletérea,

lluvia inútil,

de los ojos

hacia las alcantarillas del mundo.

 

Los párpados bajos,

las lágrimas juntas

haciendo la gota que reboza

el vaso de amargura.

 

Por un alma vendida al maligno,

por un ánima a la que persigue

una secta en penumbras.

 

Y ni el humo umbrío,

ni el esquelético ultramar

disentido en la línea

de un planeta que se pierde.

 

Ojalá que un sacerdote,

uno solo en la esfera

de un corazón latiente,

iluminado,

renunciara a las cosas,

que ignoran que existimos.

 

Para que las cadenas

de los más bajos sufrimientos

enarbolen su inconmensurable paraíso.

 

Por un tiempo desierto,

por la premura que disiente

de la paz inmutable de los perdidos

en la única idea

que nos salvará del sufrimiento,

de la modorra, del desánimo,

de la cuerda floja templando nuestro peso.

 

Coronados por espinas que harán supurar,

de las mismas llagas de Cristo,

salvación final,

rito o epítome de la verdadera inmortalidad,

culmen del dolor y la existencia

de un solo parpadeo.


Jack Farfán Cedrón

abril, 8, 2026

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