DONDE EL AMOR ES VERBO, por Jack Farfán Cedrón

 



T
entarás al mundo

con pasos de ángel

llorando lágrimas

de carne;

traspasando tu misma

careta imposible

que no es claroscuro

ni penumbra,

ni luz

que borra todo simulacro

de claridad imposible.

 

Inventarás milagros;

¡Oh, luminaria!

de lo que nadie creyó,

aflorara,

azucena de muerte eterna,

que en la conflagración inmortal

renaciera santa;

eterna, amada;

con la respiración clepsidra,

abandonada a un ser vivo

de latidos.

 

Inventaras el verbo,

el amor callado

que traspasa al ruido,

a la pólvora rugiente,

al mal de azufre,

para domeñarlo,

como la Virgen María a la sierpe.

 

¡Santa que eres y que nombras!,

¡el más maravilloso sueño!

¡que nace de la luz!,

¡y en luz de mar termina!;

si únicamente duermes,

para crearme,

con la completa lucidez

de quien calla todo lo que ama.

 

Inventaras el abismo

al que saltar,

a oscuras,

si blandamente;

si, plena en los oficios

de ser alada,

te abismas

al cielo que conoces,

como en un atrapasueños

tramado a imagen y furia ciega

de catarata furiosa;

tras el cortinaje traslúcido

del agua toda;

en que se cuelan ansias,

al vuelo instantáneo

de las sombras,

también creadas

a imagen claroscura

que crea la luz

de los cuerpos divinos.

 

Cuando el desvelo señala,

impasible,

lágrimas de carne

acuñadas

sobre rostros terracota

fosforesciendo

el enigma del verbo;

tromba que se existe,

se procrea,

se disfuma

en cirros

virando tu mundo;

ángel durmiendo

sobre el lecho de la rosa,

que es,

que se inventa

en todos los fuegos etéreos

de la sangre;

bajo el tormento del amor

que no termina.

 

Antes el mundo colapse.

Antes,

como extrayendo el espíritu

de todas las cosas,

de las sombras ciertas

desvaneciendo al verte.

 

Y escorias colapsen,

temporales amainen

la fuente misma del desvelo,

para las garras de pasión

latiendo pronto,

lágrimas de sal

que derriten estatuas

petrificadas por grávida

forma desnuda,

por quieta prolongación

de cuerpo que posa

siglos de arena;

para que se desmorone el arte;

para que exista música,

quietud instantánea,

perfección del silencio;

cuando fuga

la mano tersa de bailarina,

dejando su senda perfecta;

la del silencio,

la del amor,

viajando al reino

de palabras no dichas.


© Jack Farfán Cedrón, 2025


Cajamarca, diciembre 22, 2025

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