"La morada del amor", por Jack Farfán Cedrón

 


Imagen: "El beso" de Rodin: https://confilegal.com/20231028-el-derecho-al-beso-el-recurso-que-tenian-los-hombres-romanos-para-descubrir-si-sus-mujeres-eran-decentes/


Amar con la locura del desvelo;

insomne, reseco, sediento,

como un ser creciendo

en la noche inconclusa

de quien cae hacia la nada.

 

Hacia la tierra de los desposeídos

te palpo entre las agujas de tus pestañas

que cosen estrellas;

te palpo con la ligera conmoción

de los insufribles;

con el riesgo de que más ya importe nada;

te palpo con la dicha y la ternura

que heredé de tu clara cercanía

de la lana del sueño.

 

En la conmoción, en el llanto;

toco todo lo que amas;

toco lo que haces existir;

reveladora incesante de lo inventado;

Matria y reina de mis lides,

de la blanca invención

iluminando el mismo sol de lo inventado.

 

Y amo todo lo que tocas,

y amo todo lo que al deslizarte

haces flotar,

etérea luz de las esferas;

en mi cielo de claridades,

donde la calma reina en la distancia.

 

La mar serenando todos los cataclismos,

la luna ha arreado cada tempestad

que nace de tu llanto.

 

Ante la ciega premura de tu voz

que busca mis palabras

ahilando corrientes serenas de viento;

ante la voz, la ternura, ciertas,

que desencadenas en mí;

que cada instante invento

ante la ilusa sinrazón

de una lira que te canta,

amada. Todo ello me deslumbra.

 

Tocar la voz, el brillo de tu verbo.

 

Si beso tus labios seré la dicha llamarada

incendiando bosques completos;

esos bosques que ante la alta noche

relumbran con la albura de tu rostro.

 

Te pienso a cada paso que doy;

braceo a contracorriente,

entre la propensión de la batalla amorosa

que decanta los lagos irrisorios del olvido;

que detiene crecidas,

árboles de luz y de distancia;

de angustia, serena, anidada en mi pecho.

 

No arrastre la ruina,

no roa el polvo de los viandantes

la estrechez de los caminos;

donde la sed, el abandono y el hambre,

hagan dubitativo al caminante.

 

El tiempo, serena, de un soplo,

al beso del porvenir, entre los labios.

El viento se aquieta.

Ya el aire rarificado se vuelve respirable,

en la morada del poeta.

 

Recorro, palmo a palmo,

los claros himnos de tu presencia

velando la excomunión de bestias azules

aullando, sumergidas,

en el lago de lo que duda,

de lo que crece,

de lo que, junto a ti me susurra,

en la pena cierta del corazón

manteniendo fúlgido

un ojo lunar, clarividente,

donde aparece la imagen

del amor que adoro.

 

Será tu presencia que me ata;

será el clamor de los seres

creciendo hacia la gloria

eterizada en lo alto de la morada celestial,

desde donde coros de ángeles nos llaman

y encienden

al amor anidado en nuestros labios.


Jack Farfán Cedrón 

 

Septiembre 28, 2025


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