"El sueño del ángel", por Jack Farfán Cedrón
N o tuvo pena, ni lágrimas rodaron por sus mejillas, encarnadas ya para aquella hora, en que la rosa estrangulada destella la armonía más perfecta en su arrebol. No hubo risas; más sí, una agradable charla, en que, del verbo la luz habita, y la luz le pertenece a un cuadro, donde un ángel los imagina. Inánimes, caminaron hacia la ciudad y sus espectros; y se asieron contra sus cuerpos yertos; allá donde las almas platónicas, en comunión con su doble, se besan, inventando la inmortalidad instantánea. Caminaron, hablando de lo que no existía; ahora, en este mundo, su mundo. Fue el paseo más hermoso que habían dado en sus vidas, en la hora ya sin tiempo que del amor nace, como brotes o tiernas alas. Rodeando la ciudad, como procesión de farolas coloridas; en medio de la noche impasible, sin perder sus pasos, juntos, como dos almas que se abrazan. El resto de la historia se la relatan a los colibríes las almas benignas de los Cedrón, quienes velan la casa de El Roble, en Huaquillas. Pero, ...