"Carnaval de conciencias", por Jack Farfán Cedrón
La ciudad devastada; la ciudad vejada por pandillas harpilleras, miserables. Horda cerda y cochambrosa, que si hinca la testa es para planear apuñalamiento a traición; desmadre y exceso hasta el vértigo; batiendo el lodo miserable que la tierra fértil y bendita les prodiga, en este valle de lágrimas. Os han degradado aún más; descendiendo las escalas del infierno. La bandera flotante, en un aire rarificado, donde no existe más ley de la gravedad que la degradación humana a mansalva. Oscilando hasta alejaros remotamente de todos los círculos del infierno; en que para entrar se necesita siquiera un ápice de conciencia. Sin ella, hemos caído hasta reptar como las sierpes; para enfangarnos en que toda boa idea del Cornúpeta nos ordena a piejuntillas obcecar hasta el encandilamiento de la francachela, de la ebriedad, del horror, de la viva a fuego líquido, pesadilla de los mil demoni...